06 febrero 2009

¿Dónde está la esencia?

De un instrumento humilde, a ser un objeto de egolatría con el que presumir de pulmones

La polémica siempre está servida. La marcha procesional se enraíza en lo popular. Pero hay límites que no pueden traspasarse. Diversas bandas abren sus brazos a todo lo que el gusto popular dicte para estrenar unas marchas abarrotadas de recursos manidos, archirepetidos, de cara a la galería para buscar el aplauso fácil.

Los Reyes de Sevilla es una de ellas, otra las Tres Caídas, El Despojado de Jaén (que casi parece una seña de identidad) y un largo etcétera. Ellos se agarran a que hacen lo que les dicen. ¿Cómo? ¿Desde cuándo un compositor se asoma al balcón antes de componer? Si todos hubieran hecho lo mismo en la historia, no tendríamos ni la mitad de las grandes marchas de las que disponemos.

Los certámenes de cornetas y agrupaciones son reuniones de enervados aficionados a los malabarismos musicales y corneteros. Las bandas en muchas ocasiones parecen aquel circo ambulante que por cada parada de su itinerario ofrece un espectáculo, no un concierto musical, para saciar a las masas.

Compositores como Miguel Ángel Font tiran de demagogia y aseveran que se escribe de esta forma porque el público manda y es lo que pide, ya que la marcha es ante todo música popular. ¿Pero desde cuándo se compone para la gente y no para la imagen y el hecho religioso en sí? Tales afirmaciones demuestran inequívocamente que los conceptos han cambiado. Para muchos, la marcha está en un orden primario, cuando en teoría debería ser algo secundario y complementario al paso y la hermandad en la calle. Ésta es su esencia, que lejos de destronarla pretende enaltecerla como un ornamento rico.

Los subterfugios se suceden, y la mayoría de las marchas para paso de Cristo van cayendo enteros conforme pasan los años. Ya mismo, al igual que actualmente la buena fusión del flamenco se confunde con el “flamenquito”, escucharemos en lugar de marchas, “marchitas”, con ese marchamo de flamenco barato.

2 comentarios:

L. M. dijo...

Excelente reflexión: el nuevo estilo de flamencos y virguerías hace estragos. En 2008, el Sol causó sensación con un engendro que se caracterizaba por tener un solo de un minuto con una nota tenida. Yo lo llamaba "El viaje a ninguna parte". Frente a esto, ¿quién se dio cuenta del paso de gigante que está dando la Estrella y de la revolución que dio el Viernes Santo con "Desconsuelo" y "Siete Dolores? Hace mucho tiempo que las modas se suceden, pero "Soledad de San Pablo" y "Requiem" (y muchas de otros géneros) jamás pasan de moda. Y esta también pasará, faltaría más.

Clavesol dijo...

Y antes el Lunes Santo, con su hermandad, donde tocaron Desconsuelo y Siete Dolores encadenadas en Capuchinos y calle Ntra. Sra. de la Paz y Esperanza.

Me ha gustado eso de El viaje a ninguna parte, jeje. Suena muy circense y apropiado para el circo que a veces se monta en los certámenes, jeje. También suena bunburesco!! Jeje.