La Estrella de CórdobaUn hito que cumple veinte años*
Aquella primera vez queda lejos. Tanto como que han pasado veinte años. Sin embargo, más de uno que esté leyendo estas líneas caerá en lo rápido que ha pasado el tiempo desde entonces. Fue en 1989 cuando la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús de la Redención nació bajo el auspicio de la hermandad de la Estrella, de ahí que entre el argot cofradiero se le conozca como la Banda de la Estrella. Su primera aparición en público tuvo lugar en la Cabalgata de Reyes Magos de la localidad cordobesa de Cabra, de donde proviene la familia de quien ha sido desde sus inicios el director musical, Manuel Luque Bellido.
La historia de esta agrupación musical es la de un sueño que pronto se alcanzó. Su música brotó cuando Córdoba más la necesitaba. A finales de los ochenta y primeros de los noventa, muchas circunstancias nos hacían presagiar que la música procesional cordobesa entraría en una travesía en el desierto, a causa de la desaparición de dos bandas de fuste, como la Municipal y la Militar del Regimiento de Lepanto, y de la Agrupación Musical Cordobesa. Pero ello no fue así. La Banda de la Estrella no dudó en coger el relevo y pronto se erigió en una referencia musical para la Semana Santa cordobesa.
En el amanecer de este siglo ya podemos afirmar que esta agrupación musical trasciende su repercusión cordobesa para destacarse como una de las mejores bandas de su género. Varias son las causas que pueden esgrimirse para explicar la relevancia que ha alcanzado la formación musical dirigida por Manuel Luque.
Ante todo, la adhesión sin reservas a un estilo y una forma de tocar. Lo mejor que puede decirse de ella es que en su plantilla no destaca en especial ninguna cuerda de instrumentos, sino todas. Ya sea el frente melódico de las trompetas, el refuerzo tonal y expresivo de las cornetas, la armonía de trombones, bombardinos y tubas, o la percusión, lo cierto es que esta banda destila en la calle y en las salas de conciertos un sonido pulcro, equilibrado y compensado, aplomado, que viaja con suavidad entre las frases más líricas en piano y los pasajes explosivos en fortísimo.
Otro factor de su importancia en el núcleo de bandas andaluzas, reside en la elaboración de un repertorio exquisito de marchas procesionales. La Banda de la Estrella no ha conocido en todos sus años de vida lo que es declinar su forma de obrar ante las modas imperantes. Siempre ha sabido mantener ese criterio en el que prime la calidad frente a la cantidad, y el sentido formal de la marcha frente a la degradación que algunos compositores y composiciones están imprimiendo a la evolución de ésta.
El disco que tienen en sus manos quiere conmemorar el vigésimo aniversario de la fundación de la banda que lo protagoniza. Un hito con dos décadas a sus espaldas no podía pasar de largo. Por eso la Agrupación Musical de la Estrella nos regala un trabajo esculpido corchea a corchea sobre los años que han transcurrido desde aquel “Redentor Nuestro”, en el que no escucharemos a una banda que se consagra, porque ya lo hizo, sino a una banda que continúa el trazo sembrado con maestría.
Para esta ocasión tan especial, se vuelven a rodear de nombres ya conocidos en su repertorio y que conforman los pilares de su estilo musical: Nicolás Barbero, Jesús Lora, David Luque y Pedro Manuel Pacheco. Como aportaciones nuevas, aparecen las firmas de José María Sánchez Martín y Antonio Moreno.
La decena de marchas procesionales que integran este disco, nos embaucan en una suerte de diversidades acústicas estremecedoras. Desde composiciones con un hondo patetismo, hasta otras impregnadas de fulgurantes trompetas y cornetas. De entre ellas, se atisba un grupo importante que destacarán por estar concebidas de una forma tan original que bien pueden servir de molde para futuras composiciones. Al igual que ya ocurriera con los dos anteriores trabajos, este disco dejará tras de sí una huella profunda entre los aficionados a la marcha procesional, con el sabor añadido del carácter y la solera que proporcionan los años y una trayectoria muy avalada por su excelente calidad musical.
Un hito tan notable para la marcha procesional cordobesa no podía tener mejor refrendo que éste. La elegancia interpretativa con la que habitualmente nos deleita la Banda de la Estrella, nos proyectará de nuevo en la tarde-noche del Lunes Santo, en la que sólo bastará escuchar una gran marcha de procesión con el aterciopelado metal de la Huerta de la Reina, para darnos cuenta de la dimensión que cobra la hermandad cuando sus cofrades pisan las calles cordobesas. Para mayor honor, todas las marchas que aparecen en este disco servirán este año como preludio sonoro al paso de palio de la Virgen de la Estrella, que verá la luz de la Semana Santa por primera vez. Comenzará, entonces, otra historia para los anales.
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