Cruceta musical del Jueves Santo
El Jueves Santo en Cabra comenzó muy temprano, acariciando el mediodía en la plaza de Rubén Darío frente al templo de la Asunción y Ángeles, esperando la salida de la Virgen de la Piedad. Reluciendo su rostro recién restaurado, y recuperando así esos grafismos tan propios de la escuela granadina que le dio vida, la Dolorosa de la Piedad salía a los sones de su marcha “Madre de la Piedad” de Manuel Aguilar. La banda de música Tubamirum de Cañete de las Torres, la primera vez que visitaba Cabra, comenzó así un recital musical de enjundia, que en niveles generales fue cubierto de forma notable, dejando una sensación muy buena entre los cofrades egabrenses. Así, bajando la calle Mayor se interpretaba “Reina de San Román”, y por la Plaza Vieja “Coronación de la Macarena”. Apuntando por Bachiller León “Candelaria” de Marvizón, perfectamente ejecutada en los pasajes de bajofforte tan delicados rítmicamente. Por las Agustinas, “Amarguras” de Font de Anta. Ya a la vuelta, por San Juan de Dios, sonaría “Sevilla cofradiera” y al empezar a subir, nuevamente, la calle Mayor, una de las mejores interpretaciones que he podido escuchar de “Jesús de las Penas” de Pantión en la calle: menuda afinación y gusto en la interpretación de la partitura. A ésta le siguió una rareza en forma de marcha envolvente de aires sinfónicos, “Victoria” de David Hurtado. Y como dupla final “Al Señor de Arriate” de Juan José Puntas, dejando el broche de oro para “Hiniesta” de Peralto.
Por la tarde, la historia se mira así misma, porque Cabra renueva sus votos tradicionales. Jesús Preso hace presencia en su mayestático paso, elevado en una antiquísima peana, con el sonido de la Marcha Real y de “Pasión, Muerte y Resurrección” de González Ríos, a cargo de las cornetas y los instrumentos de viento de la banda de cornetas del Nazareno de Priego de Córdoba. Es sin duda una maravilla visual contemplar el paso lento de Jesús Preso a hombros de sus costaleros ataviados de judíos. Por la calle Mayor una marcha propia de la banda, “Jerusalén”, y en otras partes del recorrido no podrían faltar títulos como “Cristo del Amor” o “Réquiem” de hondo sabor castizo. Detrás del Preso, un misterio de hechuras murcianas, el del Cristo atado a la Columna, azotado por dos sayones de rasgos virulentos y agresivos, uno de ellos atribuido al gran Salzillo. El sonido espectacular de la Agrupación Musical Virgen de las Angustias de Alcalá la Real resuena en la plaza con la marcha “Madre y Señora de las Angustias”.
Más adelante, por Bachiller León, se oyen los coros de trompetas obsesivas de “Sangre en tus Clavos” de Nicolás Barbero. Detrás, el palio de la Virgen de la Caridad, preciosamente exornado con jacintos, con un primoroso andar. Poco antes de enfilar Bachiller León, en la plaza en la que se sitúa la casa de hermandad del Cristo de la Expiración, la Banda de Música de Cabra ejecuta con solvencia la compleja partitura homónima de Germán Álvarez Beigbeder. Los músicos egabrenses resuelven una marcha que entraña importantes ajustes rítmicos y movimientos sincopados que al ser tocada en la calle se convierten en escollos difíciles de salvar. Sin embargo, el sonido en conjunto es compacto y los metales bajos, muy decisivos, apuntalan muy bien la formación musical. Después, como detalle para la hermandad del Huerto, que se encontraba recibiendo el cortejo en la puerta de su casa de hermandad, sonaron los acordes de “Jesús de las Penas” de Pantión, engarzada, sin solución de continuidad, con “La Estrella de Sublime” de Farfán, que propició un contraste muy atractivo y generó una estampa inolvidable al ver alejarse el palio entre el fabuloso trío del genio de San Bernardo.
El palio verde de la Esperanza rodeaba las calles céntricas con el consabido repertorio de bulla de los instrumentos de la banda de música del Maestro Amador de Andujar (Jaén) “Madre Hiniesta” de Marvizón sirvió para revirar por Marqués de Cabra, mientras que la Virgen de los Remedios dejaba a su paso una sensación extraña al verla con agrupación musical, de La Herradura, y marchas como “Santa María de la Esperanza” o “Presentado a Sevilla”.
El Jueves Santo va tocando a su fin, pero antes una parada obligatoria en el paso de la hermandad de la Columna por Santa Rosalía y Muñiz Terrones. Para el misterio “Triunfo de tu Santa Cruz” de Nicolás Barbero, en el que la trompetería de las Angustias brillaba con fuerza y las cornetas sólidas y rotundas imprimían un gran carácter. Para el palio la fúnebre acústica de “Mater Mea” de Ricardo Dorado, con su inconfundibles bajos y las llamadas épicas de las trompetas.
Por la tarde, la historia se mira así misma, porque Cabra renueva sus votos tradicionales. Jesús Preso hace presencia en su mayestático paso, elevado en una antiquísima peana, con el sonido de la Marcha Real y de “Pasión, Muerte y Resurrección” de González Ríos, a cargo de las cornetas y los instrumentos de viento de la banda de cornetas del Nazareno de Priego de Córdoba. Es sin duda una maravilla visual contemplar el paso lento de Jesús Preso a hombros de sus costaleros ataviados de judíos. Por la calle Mayor una marcha propia de la banda, “Jerusalén”, y en otras partes del recorrido no podrían faltar títulos como “Cristo del Amor” o “Réquiem” de hondo sabor castizo. Detrás del Preso, un misterio de hechuras murcianas, el del Cristo atado a la Columna, azotado por dos sayones de rasgos virulentos y agresivos, uno de ellos atribuido al gran Salzillo. El sonido espectacular de la Agrupación Musical Virgen de las Angustias de Alcalá la Real resuena en la plaza con la marcha “Madre y Señora de las Angustias”.
Más adelante, por Bachiller León, se oyen los coros de trompetas obsesivas de “Sangre en tus Clavos” de Nicolás Barbero. Detrás, el palio de la Virgen de la Caridad, preciosamente exornado con jacintos, con un primoroso andar. Poco antes de enfilar Bachiller León, en la plaza en la que se sitúa la casa de hermandad del Cristo de la Expiración, la Banda de Música de Cabra ejecuta con solvencia la compleja partitura homónima de Germán Álvarez Beigbeder. Los músicos egabrenses resuelven una marcha que entraña importantes ajustes rítmicos y movimientos sincopados que al ser tocada en la calle se convierten en escollos difíciles de salvar. Sin embargo, el sonido en conjunto es compacto y los metales bajos, muy decisivos, apuntalan muy bien la formación musical. Después, como detalle para la hermandad del Huerto, que se encontraba recibiendo el cortejo en la puerta de su casa de hermandad, sonaron los acordes de “Jesús de las Penas” de Pantión, engarzada, sin solución de continuidad, con “La Estrella de Sublime” de Farfán, que propició un contraste muy atractivo y generó una estampa inolvidable al ver alejarse el palio entre el fabuloso trío del genio de San Bernardo.
El palio verde de la Esperanza rodeaba las calles céntricas con el consabido repertorio de bulla de los instrumentos de la banda de música del Maestro Amador de Andujar (Jaén) “Madre Hiniesta” de Marvizón sirvió para revirar por Marqués de Cabra, mientras que la Virgen de los Remedios dejaba a su paso una sensación extraña al verla con agrupación musical, de La Herradura, y marchas como “Santa María de la Esperanza” o “Presentado a Sevilla”.
El Jueves Santo va tocando a su fin, pero antes una parada obligatoria en el paso de la hermandad de la Columna por Santa Rosalía y Muñiz Terrones. Para el misterio “Triunfo de tu Santa Cruz” de Nicolás Barbero, en el que la trompetería de las Angustias brillaba con fuerza y las cornetas sólidas y rotundas imprimían un gran carácter. Para el palio la fúnebre acústica de “Mater Mea” de Ricardo Dorado, con su inconfundibles bajos y las llamadas épicas de las trompetas.
En la recogida del Preso, una saeta al aire, clavada en la mirada al infinito del Señor. Tras el áspero sonido de los abejorros, los acordes extrovertidos y festivos de “Bulerías en San Román”. El rastro que nos deja la cola de cigarrón de Jesús Preso nos habla de otro Jueves Santo que se acerca a su final. Un final que pasará en un abrir y cerrar de ojos, tan pronto como la Madrugá se cierna y nos demos cuenta de que ya hemos andado en esos días sin horas del Triduo Sacro.
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