Portada del disco
Sin embargo, el proyecto que nos trae la banda de cornetas de la Centuria Romana Macarena es el ejemplo de cómo la esencia se expresa a través de la esencia. Una redundancia en apariencia, que en realidad supone una evidencia. La música de los Armaos de la Macarena suena a turba romana, a sónica castrense, espartana, solemne y clásica. A música del ayer transportada por los vientos macarenos a la actualidad. Es su esencia, la que nos imbuirá con este disco en la esencia del género que un buen día acuñó Alberto Escámez cuando, como director de la banda de los Bomberos de Málaga, comenzó a escribir marchas procesionales.
Así pues, siendo el mismísimo Escámez quien nos enseña en este trabajo su música sin ambages, podremos adentrarnos en ella con toda la pureza que los compases desprenden, alejados y aislados del desorden estilístico que la evolución histórica de las cornetas ha propiciado.
Inmersos en el repertorio de esta primera entrega de una integral dedicada a Escámez, su música nos llegará como marchas de cálido sentir, auspiciadas por un concepto arraigadamente fúnebre y militar de las composiciones para Semana Santa. Con unos recursos escuetos y mínimos, comparados con los disponibles en la actualidad, Escámez sondea en su inspiración y habilidades técnicas para cristalizar marchas procesionales de enjundia, revestidas por un ritmo homogéneo, sobre el que se construye una melodía pausada, sujeta a las limitaciones de la propia corneta, donde subyace una homofonía contundente y sólida.
La sencillez recorre las piezas del repertorio de Escámez. Pero esta característica no trivializa de ningún modo el valor musical de estas marchas, porque no es fácil decir tanto con tan poco. A simple vista, en el pentagrama las marchas de Escámez pueden no sorprender, pero sí lo hacen cuando se expresan en la calle o en un concierto a través del desgarro de una corneta y el lento batir del tambor. Es entonces cuando aflora a la superficie el lamento de una música que consigue recrear una atmósfera intensa e inhóspita a través de esos sonidos secos y agudos de las cornetas, deambulando por unas melodías que por definición alcanzan la belleza.
Entre las marchas recogidas en este álbum, destaca especialmente por su dimensión “Stmo. Cristo del Amor”, todo un himno del género que estructuralmente responde a un esquema ternario muy cultivado por el autor en sus marchas. En “La Expiración” el compositor usa un recurso también habitual en su repertorio, el ritornello, por el que una frase se repite seguidamente, aunque en dinámica piano. “La Virgen Llora” se encuentra, sin duda, entre sus mejores marchas. El comienzo, por ejemplo, es un alarde del buen manejo de los reguladores.
El disco que tienen en sus manos supone un retorno de la propia historia. Hace muchas décadas las partituras de Escámez viajaron de Málaga a Sevilla para adentrarse en la banda de la Policía Armada de la ciudad, santo y seña de este tipo de música. Ahora, es la Centuria Romana Macarena quien, como si se reencarnara en ella, exhibe la música de Escámez en su única versión, la original, a través de un nuevo viaje urdido entre Málaga y Sevilla. Dos ciudades que nuevamente vuelven a unirse para la consecución común de un registro fonográfico histórico.

