10 febrero 2011

Pilares de la marcha procesional (VI)
Les voy a contar

Déjenme que les diga una cosa: yo he conocido marchas gracias a personas en concreto.

Las marchas no las conoces del todo hasta que no les pones cara. Su sonido no está del todo completo cuando no hay ninguna luz en la que calibrar su belleza, o ninguna prosa en la que bucear para comprender su verdadero significado.

Nosotros los cordobeses, que somos muy de la prensa morada sevillana - que, por cierto, es tan rica en Paco Robles, Antonio Burgos o Ignacio Camacho, como pobre en otros tantos - deberíamos mirarnos más de una vez en la morada cordobesa, que para mí, no sería la primera vez que lo digo, tiene dos nombres claramente: Jesús Cabrera y Luis Miranda, con las apariciones más o menos frecuentes de otros pesos pesados como Antonio Varo y compañía.

Pues bien. Digo que he conocido grandes marchas en personas, porque así ha sido. Porque por muchos discos y versiones que escuchara de las mismas, hasta que no las escuché en boca o en la palabra escrita de ellos, no las descubrí del todo.




Jesús Cabrera me enseñó a ver en Saeta Cordobesa la alegoría musical de una décima apócrifa de García Lorca. Ésta empieza diciendo “Molde de la estrecha vía/ dos hileras luminosas / presidenta de las rosas / viene la Virgen María…”. Se pone sobre la mesa el paisaje y sus paisanajes. Hay nazarenos con cirios y la Dolorosa de las Angustias va sobre un tapiz de rosas, como mandan los cánones del Jueves Santo en San Agustín. La marcha “Saeta Cordobesa” se nos aparece al final, cuando dice el poeta: “y a su paso las saetas / para más lujo y derroche / se van clavando en la noche / constelada de cornetas”. Metáfora, transfiguración de la marcha en la misma poesía. Tras la presidenta de las rosas suena la saeta, que inmortalizara en la marcha el mismo Gámez Laserna en boca de La Talegona y la madera del clarinete. Pero la noche no sólo suena a saeta, sino también a cornetas que se clavan como estrellas en la noche. “Saeta Cordobesa” termina en una marcha primaveral, como estallido colorista de cornetas cuando quedó atrás la tristeza. ¿Lo recuerdan? No la pongan ahora, imagínensela así, leyendo a Lorca.

Luis Miranda me descubrió a un Font desconocido y olvidado. Cómplice estrecho del repertorio musical que se escucha cada Jueves Santo tras, precisamente, la presidenta de las rosas de Juan de Mesa, me puso el año pasado lo mejor de la música para aquella ópera sagrada. No fui sólo porque Calíope ponía música, y cuando Calíope está tocando, hay que descubrirse, porque se está escuchando a una de las mejores bandas de Andalucía – sobre una nómina de ¿cinco? perfectamente, no exagero -. Fui también porque quería ver en la calle al impresionante misterio que Juan de Mesa gubió en sus últimos días. Verle muerto en los brazos de su Madre, es ver morir la madera de aquel cordobés que dio vida a imágenes de escalofrío.

Y así que fue. Por Alfonso XIII sonó “Expiración” de Manuel Font Fernández. Un poema sinfónico, en forma de marcha fúnebre, de una profundidad y belleza incomparables. Sonó perfecta. Pero se me descubrió más los Font y también más Manuel Borrego. Caminaba por la acera tan plácidamente al lado del paso, apurando la saetilla de la marcha “Cristo de Vera Cruz”. Más adelante, comprendí por qué la marcha fúnebre de Chopin es la mejor música para un cortejo de luto que camina a un entierro. Parecía que la Virgen le iba diciendo a su hijo: ¿Por qué nos abandonaste? Y Calíope que no podía sonar mejor, porque hacerlo mejor era imposible.

Todos podemos contar historias parecidas. Marchas que se nos dieron a conocer en otros labios, en otros versos, en otras prosas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Daniel
Yo también disfruté del caminar de las Angustias por su barrio y del impresionante sonido de Calíope con un repertorio sin igual en la noche del jueves santo, en este caso lo descubrí gracias a tí. Es una de las experiencias cofrades más enriquecedoras que he tenido en mi vida. Me gustaría que toda Córdoba supiera apreciar la maravilla que tiene en su Madrugá.

Clavesol dijo...

Claro que sí hermano. Tienes gustos parecidos a los míos, jeje, por qué será?

Aludido dijo...

A ver si investigando encuentras la marcha imposible de Gámez a la Virgen de las Angustias, entre 1952 y 1957 tuvo que hacer algo, seguro. ¡Qué felices nos haría una marcha del estilo, no digo yo de Saeta Cordobesa, sino de Nuestra Señora del Socorro, que me encanta! Por lo demás, sólo intentamos servirla como Ella merece, en lo que se puede. Y si vosotros lo aprobáis, mejor que mejor.