03 febrero 2011

Violines para un palio



Farfán le puso violines a ese trío mágico de un palio, porque un paso de palio no sólo es esa catedral armónica de bambalinas, varales y techo de cielos en terciopelo; un paso de palio es también el viento del trío final de una marcha, o el volcán de un fuerte de bajos de la misma; o la breve marcha triunfal de las cornetas de su comienzo.

Farfán le puso violines al trío final de “La Estrella Sublime”, para que al escucharla nos sacudiera más todavía la estrella y su sublime destello.
Y luego los violines se los pusieron otros tantos más, a otras tantas marchas más. Le pusieron violines a “Pasa la Virgen Macarena”, se los pusieron también a “Jesús de las Penas”, a “Amarguras”, a “Soleá dame la Mano”. Se los pusieron como valses de Strauss. Ahora se los ponen hasta a Escámez o a Nicolás Barbero.

¿A ti dónde te gustan más estos violines? A mí, en “Esperanza Macarena” de Pedro Morales. Allí por la esquina viene y se aparece sin avisar, ese trío sublime de esperanza de d. Pedro. Donde gallean las mariquillas, como diría el castizo de Antonio Burgos.